En todo el mundo se da una mayor incidencia de la pobreza entre las mujeres que entre los hombres, su pobreza es más profunda que la de ellos y el número de mujeres que son pobres va en aumento. Los efectos negativos de la globalización dejan cada vez a más mujeres atrapadas en los márgenes de la sociedad.
La pobreza puede ser tanto la causa como la consecuencia de la violencia contra las mujeres. El peligro de ser sometidas a privaciones y abusos físicos, sexuales y psicológicos por su pareja lo corren mujeres de todos los grupos socioeconómicos, pero un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud indica que las que viven en la pobreza lo sufren en mucha mayor proporción.
La falta de autonomía económica, la negación del derecho a la propiedad o del acceso a la vivienda, y el temor a perder a sus hijos hacen que pocas mujeres puedan arriesgarse a sufrir las consecuencias realmente tremendas de huir de situaciones violentas y tratar de conseguir justicia de un sistema legal que puede ser discriminatorio o indiferente.
Flor, trabajadora migrante filipina en Arabia Saudí, de 48 años, ha contado a Amnistía Internacional que se lesionó la espalda tratando de escapar de un empleador que la sometía a abusos y que luego, tras una breve e insuficiente estancia en el hospital, la encarcelaron durante cinco meses. “Cuando llegué a la cárcel —recuerda— tenía que ir arrastrándome, porque no podía andar.”
Mary, de Nairobi, Kenia, contó a Amnistía Internacional que su esposo la había golpeado y violado reiteradamente tras “heredarla” de su hermano en 1993. Mary nunca lo denunció a la policía, pues creía que no harían nada por tratarse de un “problema doméstico”.
El control de la sexualidad de las mujeres es un poderoso mecanismo a través del cual los hombres ejercen su dominio sobre ellas. Las que no cumplen las normas de feminidad, como las lesbianas o las mujeres que eligen vivir de manera independiente, suelen ser duramente castigadas. A menudo, el castigo es de carácter sexual, como la violación.
En todo el mundo, las funciones y los puestos de la mujer en la sociedad están predefinidos. Uno de los aspectos clave de toda cultura es la forma en que define las funciones o roles de género. Casi sin excepción, a las mujeres se les asignan funciones supeditadas a las de los hombres. A menudo estos roles se hacen valer a través de la violencia.
En febrero de 1996, unos policías de Catanzaro, Italia, dieron el alto a Grace Patrick Akpan para comprobar su identidad. Cuando les dijo que era ciudadana italiana, afirmaron: “Una negra no puede ser ciudadana italiana”, y la describieron como “una prostituta de color” por la radio de la policía. Los agentes la agredieron físicamente y Grace tuvo que pasar dos semanas en tratamiento hospitalario al quedar en libertad. En octubre de 1999, casi tres años después, la justicia declaró a los agentes culpables de abuso de autoridad y de causar lesiones a Grace Patrick Akpan, a pesar de lo cual sólo fueron condenados a permanecer durante dos meses en régimen de libertad a prueba.
Amnistía Internacional basa su trabajo en la definición de la Declaración de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Según ese texto, por violencia contra las mujeres se entiende:
